Impacto emocional en el sistema familiar: La coronopania

La pandemia nos ha expuesto a un estado emocional de coronapania, le he llamado así al clima emocional que genera en las personas. Es un síndrome por la cantidad de signos y síntomas que genera debido a elevadas dosis de información a la cual estamos expuestos. Es decir, el síndrome de ansiedad por la hiperconexion, convirtiéndose en un virus añadido al que existe. He observado 4 variables asociadas al virus de coronapania:

  1. Ansiedad por abstinencia: se refiere a la sensación de angustia debido al distanciamiento de la persona al aparato que lo conecta a la red social como el celular, también llamado nomofobia (anglicismo que proviene de “no mobile phone phobia“). La adicción al celular nos ha llevado a una nueva esclavitud como lo es revisar compulsivamente el celular a cada momento y cada vez el rango de tiempo es más corto. Las redes sociales nos acercan, pero en exceso ocasionan caos. La adicción virtual nos ha desvirtuado de nuestro contexto presente y nos ha expropiado de nuestros vínculos más cercanos, quedándonos vacíos del contacto directo. Como todo en nuestra sociedad se medicaliza, no tardara el día en que se venda un medicamente que se llame “antinomofobico”, una especie de alprazolam para personas con depresión post Smartphone.
  2. Ansiedad de expectativa: estado emocional de esperar de manera continua noticias o información sobre el “estado de la cuestión”, en este caso el estado de la cuestión seria las noticias referidas a la pandemia. En el primer caso, la ansiedad de abstinencia es cuando me falta el medio de información, aquí es cuando espero la información. Es una angustia instalada en nuestro plexo solar (epigastrio) que se activa en la espera de noticias sobre el tema, por ejemplo, que tan cerca de mi está el virus, ¿algunos de los míos, que se encuentran lejos, está en riesgo?
  3. Paradoja de ocurrencia: Espero que a mí no me ocurra el virus, y tengo tanta ansiedad que comienzo a presentar síntomas parecidos, por ejemplo, tos, fiebre, estornudo, resfriado etc. Es decir, son estados de somatización derivados de la ansiedad a que no me ocurra la enfermedad. En este caso, la persona puede exagerar las medidas de protección. Por ejemplo, una señora me comunicó por teléfono que no podía abrir las ventanas de su casa por temor a que el virus entrara sin darse cuenta.
  4. Ansiedad de dependencia al drama: Es un estado permanente de alarma. Cuando la persona se siente amenazada (en este caso por la pandemia), activa de manera automática una programación de estrés disponible por su cerebro para hacerle frente al peligro. Es de corta duración y de elevada eficacia por las reacciones activadas. Cada uno de nosotros y acuerdo con la personalidad puede huir, luchar o paralizarse. Pero existen personas que por su historia de vida tienen la tendencia a “dramatizar” todo lo que viven y hacen dependencia a todas las señales que se les presenta como amenazantes a sus vidas. Lo que yo le llamo el “riesgo imaginario”. Los cerebros de estas personas producen elevados niveles de adrenalina y ya sabemos por el conocimiento científico que podemos ser dependientes a la adrenalina. Elevados niveles de esta hormona ocasionan la producción de corticoesteroides a nivel de la glándula supra real para aumenta el metabolismo y obedecer así a la emergencia. Para el cerebro no existe diferencia entre tener un tigre real de frente o imaginario, estas personas mantienen un tigre imaginario todo el tiempo y hacen una programación de estrés permanente con lo cual se inmuno suprimen. En estas personas la enfermedad psicosomática es frecuente, tales como problemas gástricos, hipertensión esencial, problemas de piel, etc. ¿Cómo funciona este sistema?, cuando activamos el sistema de recompensa, es decir cuando esperamos algo, lo hacemos con un esfuerzo inmenso, a tal punto que puede llevarnos a extremos que el cuerpo se resiente y desfleca posteriormente presentando síntomas por la cantidad de encefalinas que se liberan en nuestro sistema.
  5. Síndrome de la comadreja; ante cualquier problema que se les presenta se llenan de ansiedad, se agitan hacen aspavientos, se quejan, elevan la voz, hacen como que hacen, pero no hacen para resolver, además contagian al grupo familiar con el que habitan, frecuentemente se llenan de trabajo en casa permaneciendo varias horas continuas en la computadora sin parar.
  6. Ansiedad gregaria: son personas que se quejan todo el tiempo, dramatizan hasta el cansancio cualquier situación por pequeño que sea, son obsesivas con la limpieza y el orden, se mantienen en campaña permanente riñendo todo el tiempo. Se caracteriza este estado por su poder de contagio, es el virus más rápido de contagiar, su nivel energético vibratorio es tan negativo que impregnan de un clima tenso pero silente en el hogar, por donde pasan dejan una estela de malestar, los demás miembros de la familiar tienden a encerrarse en sus cuartos para evitar a este tipo de personas. Es la dictadura de la persecución. Es un clima familiar de guerra no declarada, los reclamos por tonterías están a la orden del día. Estas personas se creen perfectas y se victimizan si alguien les reclama algo. Tienden a descompensarse puesto todo el día están en movimiento fiscalizando todos los espacios de la casa, se queja de que los demás no ayudan a mantener el orden o las tareas.

Los anteriores estados emocionales nos pueden orientar, en parte, en la ubicación y reconocimiento de cierto nivel de impacto del confinamiento en nosotros y sobre todo en nuestro núcleo familiar. Sin embargo, a nivel individual se manifiestan otro tipo de actitudes y conductas que de ser reconocidas nos podrían suministrar información que a su vez servirán como herramientas de trabajo personal en la toma de conciencia del efecto de la cuarentena en nosotros: Gran parte del problema que nos aqueja es no disponer de conocimientos de lo que nos pasa, luego no saber que hacer con lo que nos pasa y posteriormente vivir de forma crónica con lo que nos pasa. Se requiere fuerza para tomar decisiones y actuar de ser necesario, pero tenemos dudas de las situaciones que vivimos y la duda nos lleva al miedo que nos petrifica con un halo de pánico, pues pensamos que lo que nos sucede es lo peor, cuando en realidad todo en la vida es aprendizaje para trascender y ser creadores de nuestra existencia. A continuación, les especifico algunos de esos estados o comportamientos que nos puede estar sucediendo.

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