Coronapania-19 en tiempos de incertidumbre

El planeta está en modo de “pausa”. ¿Pausa para qué? Para repensarse y para que los humanos revisamos que es lo que estamos haciendo con nuestra vida. Nos encontramos, además, con algo que ya estaba hace mucho tiempo aquí, nuestra incertidumbre, lo cual es inherente a los seres con mañana como nosotros. Nadie sabe qué ocurrirá mañana, solo disponemos del eco de nuestro pasado y con base a ello solo podemos predecir con algún grado de aproximación la posibilidad de ocurrencia de algún evento.

La emoción más recurrente en los actuales momentos es el miedo, es tan elevado que nos hemos contagiado todos, creo que el miedo es el virus más potente que puede matar a más gente que el propio coronavirus. Podemos elegir vivir con el miedo o vivir con la incertidumbre. Si vivimos con el miedo nos paralizamos, salimos huyendo o luchamos contra la amenaza. Si vivimos con la incertidumbre podremos disponer de muchos recursos, pues nos activa la resiliencia en la movilización de los recursos para gestionar nuestra vida y podremos crecer.

En chino la palabra crisis significa dos cosas, amenaza y oportunidad, los invito a quedarnos con la segunda acepción. Debemos aprender a planificar, no lo que controlamos, sino lo que se escapa a nuestro control como lo es la incertidumbre. Planificar aquí significa poner al servicio de la vida nuestros recursos posibilitadores de mayor creación como seres trascendentes. Sobre lo imprevisible no disponemos de algún control, pero si podemos asentir a la incertidumbre, tendremos la posibilidad de aprender con ella; el presente que estamos viviendo con la pandemia nos invita a abrirnos a nuestra capacidad de ser cocreadores de nuestra vida en lo incierto.

Sentir miedo por lo que está ocurriendo es natural. Sin embargo, debemos ser muy observadores con nosotros mismos, pues el miedo al coronavirus puede ser un disparador de miedos pasados. Por ejemplo, pueden movilizarse de manera inconsciente los miedos de nuestra infancia y sobre todo los miedos de nuestros ancestros. Según la Epigenética, en nuestras células subyacen las memorias como ecos que resuenan las hambrunas de nuestros antepasados y las carencias de nuestros ancestros. Por ejemplo, en Venezuela el acaparamiento de productos podría considerase como una conducta colectiva fruto de una economía paupérrima desde hace muchos años, pero España en donde desde hace varias décadas goza de mucha salud económica, se observaron grandes movimientos humanos desocupando grandes superficies de supermercados por el miedo a una hambruna en el contexto actual de coronavirus.

Ante el miedo transgeneracional se requiere honrar a nuestros ancestros.  Por lo tanto, debemos distinguir el origen del miedo para que se vuelva más manejable por nosotros, pues los miedos del inconsciente colectivo pueden potenciar el actual y no nos permite poner la situación actual en perspectiva de trascendencia. Debemos elegir entre tener miedo o que el miedo nos tenga a nosotros. Cuando asumimos la primera actitud podremos fluir con el miedo y sentirlo con mayor nivel de asertividad. Esto nos permite estar en contacto con nosotros mismo, pues es la mayor enseñanza que podremos sacar de los actuales momentos. Con lo cual, es necesario plantearnos tres actitudes, la primera generar un mayor acercamiento a nosotros mismos, realizando un trabajo hacia adentro profundo con nuestro guía interno que todos tenemos. Segundo, establecer un contacto con la familia y ser factores de solución en lugar de gestores de mayor crisis y tercero, colocarnos al servicio de la comunidad con los recursos que disponemos. Como mensaje importante en los actuales momentos es que se nos plantea el desafío de actualizarnos todos y de actualizar nuestra vida.

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