El Poder de las Metéforas en la Psicoterapia

El Poder de las Metéforas en la Psicoterapia

Category : Metafora

EL PODER DE LAS METÁFORAS EN LA PSICOTERAPIA

Autor: Anibal Pérez Peñaranda

Una Metáfora es un recurso literario que sirve para identificar a dos términos entre los cuales existe alguna clase de semejanza. Por ejemplo, “esas dos esmeraldas que brillan entre su rostro”. Para referirse a los ojos verdes de una persona.

El síntoma es un lenguaje de lo que la persona ha vivido, es una “cosa” que habla de otra “cosas”, por ejemplo, el cáncer es un movimiento de “algo” que la persona no deja morir. Ejemplo, no elaborar el duelo de la muerte de un ser querido, puede expresarse como la emoción del dolor que no se ha dejado ir (morir). La célula tumoral es inmortal ya que pierde su programación de muerte, en este caso es la metáfora de algo que la persona necesita retener, como el dolor al duelo no elaborado.

La vida es una metáfora, los seres humanos nos la pasamos frecuentemente estructurando un mundo metafórico, nuestras expresiones diarias están llenas de metáforas. Cuando nos decimos “mi vida es un callejón sin salida”, es porque estamos reforzando una programación que va a repetirse en coherencia en un comportamiento acorde a las mismas sentencias de la metáfora que me he repetido de manera inconsciente.

Nosotros reaccionamos a la metáfora no a la cosa como tal. Por ejemplo, cuando le regalamos una flor a nuestra pareja poco le podrá importar a ella el precio del regalo, si reaccionará al detalle del regalo y su contenido emocional del mismo, como el cariño, el amor o ser tomada en cuenta. Nuestra comunicación diaria constituye un desfile interminable de metáforas, y reaccionamos a ellas de manera inconsciente. Los gestos y el lenguaje corporal, por ejemplo, constituyen un mundo metafórico de gran calado. Estos son metáforas analógicas (imágenes) con un gran contenido emocional.

Existen metáforas que nos predisponen al sufrimiento y a la enfermedad. Por ejemplo,

  • Me encuentro en un callejón sin salida.
  • La vida es un infierno.
  • Mi relación de pareja es una tormenta.
  • El trabajo se me hace cuesta arriba.
  • Vivo en la más tenebrosa de las noches.
  • Estoy como encerrado en una botella.
  • Soy como un náufrago en una isla desierta.

El proceso de creación de una metáfora contiene varios pases secuenciales que una persona de manera inconsciente los puede seguir: Una persona parte de una experiencia vivida (por ejemplo maltrato, sentirse abusado, ignorado, etc.), se busca una imagen de algún objeto o situación donde se produce en este caso el efecto de coletear (limpiar el piso) y viene a la mente la imagen de una coleto (trapo) de limpiar el piso, y se establece el paralelismo entre la trapero y la experiencia de ser abusado o maltratado: “me trata como un coleto, me pisa, me humilla, etc.”. 

En otro caso, atendí a una paciente donde sentía que su relación de pareja se iba deteriorando progresivamente y cada vez peor, ella trasladó esta situación a una metáfora y señalaba que ella sentía estar cayendo en un foso sin salida”. Lo grave de la metáfora es que crea una solidificación estructural del conflicto, naturalizando la situación y haciéndola fija y con su respectiva cronicidad. Se requiere en tal caso externalizar la imagen interna creada de manera inconsciente y desmontar su estructura lógica por una experiencia cognitiva diferente. Con esta secuencia de creación de una experiencia que da origen a una metáfora, por ejemplo, “convertirse en un coleto”, se podrá realizar un trabajo en psicoterapia que acerque al paciente a aquella situación o experiencia y cómo le ha hecho sentir.  Posteriormente, se podrá coloca en el escenario sistémico familiar de tal manera que logro salir de la intrincación

Las metáforas pueden cambiar en un instante la vida de cualquier persona, incluso la tuya desde el mismo momento que accedas a que éstas trabajen para ti. De igual modo que permitimos que un avión nos transporte suavemente por los aires, cualquier individuo puede elevarse muy por encima de sus preocupaciones presentes. Este tipo de narraciones destinadas a ayudar a la persona que emprenda un proceso de desarrollo superior, conducen a un estado que la mayoría de la gente nunca pudo soñar, donde el fracaso y la adversidad no existen. La ecuanimidad que se alcanza externalizando tus imágenes internas (metáforas) referidas al conflicto vivenciado con fuerza de realización es intensa, pues permite distanciarse o mejor dicho colocarse en perspectiva del problema y cambiar tu posición respecto a él. Este método de tomar distancia es una estrategia de la Programación Neurolingüística que permite colocar afuera de nosotros aquellas representaciones programadas arraigadas en forma de engramas adentro de nuestra mente.

Los conflictos de la vida con regularidad se convierten en emociones que han sido representadas metafóricamente como algún tipo de sentimiento interior (una experiencia que te toca o se siente “tengo un mal palpito”), como respuestas orgánicas o viscerales (cuando hierve la sangre o se parte el corazón: “mi separación de mi hijo cuando emigro me partió el corazón”), como la presencia de un resto animal que opera en el seno de la naturaleza humana (en la respuesta brutal: “me carcome las entrañas”), como un tipo de afección cercano a la enfermedad  (“tengo un hueco en el estómago”) o cuando se experimentan los celos patológicos o la ira enfermiza) o como fuerzas pulsionales (que impulsan o se canalizan en el comportamiento). A este repertorio metafórico, habría que añadir la metáfora contemporánea de corte dramatúrgico, que compara las emociones con actuaciones sociales o con guiones socio-políticas (“esta situación del país no tiene salida”).

La clave para el cambio está en hacer coherente a la persona con las leyes de la naturaleza. Para ello se requiere que transforme su narrativa semántica que lo sostiene en la vida, nuestro lenguaje nos da estructura de relación vincular con nuestro mundo, si no fuera por el lenguaje seriamos como astronautas en el espacio sin nave de contención, la nave de contención seria nuestro lenguaje. Pero el lenguaje, es nuestro vehículo de relación más potente con los otros y siempre estamos en contextos sistémicos de relación, con lo cual, al trasformar nuestra semántica narrativa estamos cambiando también nuestras vinculaciones articuladas por nuestra transacción cotidiana con nuestro mundo.

El edificio estructural de nuestras metáforas descansa de manera predominante en la extrapolación de dimensiones fisicomórficas al campo humano. Nuestro repertorio léxico descansa sobre conceptos como procesos, sistema, ciclos, fuerzas, impactos, cargas, equilibrio, constelación, formación, fluidez, huellas, movimiento, tensión y contención. Todos estos conceptos constituyen focos que proyectan sobre lo mental o lo psicosocial propiedades del mundo físico. Para construir nuestras nuevas metáforas se requiere transcender el sesgo de trasponer la fuerza del mundo natural determinista al mundo de relación sistémica del individuo en el que el mundo de la conciencia es absolutamente singular y de carácter subjetivo, es decir humanizando la vinculación existencial del ser humano dentro de la fuerza del amor. Por ejemplo, en lugar de referir solo: “crear proceso de transformación (fluir) para llegar a ordenar nuestro sistema familiar” anteponerle: “para darle un sentido amoroso a nuestros vínculos humanos, se requiere crear proceso de transformación para así llegar a un orden en nuestro sistema familiar”. En la primera metáfora discursiva se destacaría los conceptos de “fluir” para “ordenar”. Pero en la segunda metáfora seria “sentido amoroso” y “ordenar”. En la segunda si tendría un sentido de conciencia de relación existencial. Se humaniza nuestro discurso cuando le damos sentido y le damos sentido cuando se humaniza, es una trama dialéctica de nuestra vida.

En nuestra narrativa vivencial de lo cotidiano, otro aspecto a toma en cuenta es la tendencia de las personas a configurar metáforas dramato-morficas. Son escenas con personajes arquetípicos de victimización en el que se destaca la tragedia y su desenlace de roles entre malos y buenos o perpetradores y perpetrados, con lo cual, ese es un aspecto a tomar en consideración es el trabajo de des-dramatizar nuestras construcciones léxicas cotidianas, en la queja recurrente, por ejemplo, existen cargas elevadas de expresiones de sufrimiento.

Por ejemplo, “todo esto va de mal en peor”, con lo cual, el sentido sugerido de la expresión es “todo va mal y puede ir peor”. Esta sentencia de destino tiene mucha fuerza de sostén y de cumplimiento factico. Distinto seria decir, “estamos viviendo una situación compleja para nuestra existencia, sin embargo, esto es temporal y como tal puede superarse. Con solo darle un toque de relatividad en el tiempo al sentido semántico de discurso, este deja el sesgo de destino trágico. Lo que deseo significar con esto, es que independientemente de las circunstancias externos, las cuales pueden ser muy adversas o no, nuestro discurso para dar cuenta de ellas, constituyen niveles importantes de reprogramaciones neurolingüísticas que le dan sentido y una vía de realización contextual fáctica y de cumplimiento inexorable en nuestra vida en coherencia con dichas figuras metafóricas. 

El trabajo terapéutico con figurines

La importancia de emplear figurines sistémicos o los muñecos dinámicos sistémicos como le suelo llamar en la terapia de constelaciones familiares, es que, al trabajar con ellos, estamos accediendo de manera directa y sin mayores bloqueos defensivos al hemisferio derecho mediante las imágenes generadas.

Acompañar a la persona en la exploración de sus imágenes internar y poder externalizarlas con las figuras sistémicas crean pocas barreras a la hora de expresar los sentimientos, facilitando la evocación o reconocimiento de imágenes o analogías que dan cuenta de sus conflictos de vinculación sistémica más importante de su vida.

De tal manera que, las distancias entre los representantes al constelar una situación particular, sus miradas en el campo, los colores y demás características constituyen formas de lenguajes metafóricos que, al coincidir con la realidad vivida por la persona en su estado de relación natural con su mundo relacional, crean una expansión del campo de la conciencia sistémica y por ende un proceso sanador de gran relevancia.

Otra característica relevante en este tipo de trabajo terapéutico, es la escasa injerencia de interpretaciones o inferencias analíticas por parte del terapeuta, solo se trata de observar las tramas ocultas en el inconsciente del cliente y que se han externalizado de manera rápida y directa. Por ejemplo, papá y mamá no se miran o ellos no me miran, constituyen hallazgos asombrosos para los clientes, pues al corresponderse (y en la mayoría de los casos es coincidente) con su realidad vincular vital, expanden al cliente a nuevas dimensiones de sanación y evolución. La modificación certera de los patrones de sufrimiento que habían sido estructurados durante muchos años de experiencia vincular sistémica sobre la culpa, miedo o resentimiento se diluyen de manera inmediata por la fuerza de la toma de conciencia por parte del cliente al darse cuenta que solo era un actor sistémico de las tramas en el desorden de la escena familiar tanto a nivel inter o transgeneracional.

Como se ha visto, utilizar figurines sistémicos para representar una imagen interna del cliente de su conflictos o problema constituye una herramienta simbólica que nos permite llegar a comprensiones de tipo descriptivo, pero en ningún caso a interpretaciones causa-efecto o predictivas. A este respecto es necesario destacar la necesidad de ponderación en el momento de explicar a los clientes las observaciones sobre la imagen que se configura o constela. En todo caso, al realizar los movimientos sistémicos en el campo con muñecos facilitamos una comprensión por parte del cliente cuyo objetivo es darse cuenta de las significaciones existenciales. Es decir, no podemos utilizar los muñecos como oráculo adivinatorio, ni como prueba predictiva. Son solo aproximaciones parciales a la realidad interna del cliente y no se deben elevar a la categoría de revelación infalible e indiscutible (de manera similar a como algunos psicólogos se comportan con los resultados de un test psicológico.

El aprendizaje de nueva información sobre la vida de los clientes, conlleva a un nuevo nivel de conciencia para conducirle a su sanación e integración de la vida. Por ejemplo, descubrir que él “no el estar disponible” para una relación de pareja estaba asociado a una identificación inconsciente a una figura parental de importancia como la abuela paterna, crea un campo de expansión trascendental, que al re incluir a la abuela en el “corazón” del sistema familiar deriva al cliente a trascender su entramado vincular bloqueado a nivel de la vinculación amorosa.  

La técnica de los figurines sistémicos (conjunto de figuras con un aspecto más o menos humano de tamaño que permita el despliegue en una mesa de escritorio) es un recurso terapéutico habitual en el contexto clínico y se utiliza frecuentemente como instrumento proyectivo. Dado que “una imagen interna logra externalizarse”, este recurso es especialmente útil para que el cliente “vea” donde se encuentra (imagen de la dinámica del problema) y hacia donde puede dirigirse (la dinámica hacia la solución). La dinámica de la solución se va creando en la medida en que el cliente va constelando su dificultad y se utiliza de manera intuitiva las frases sanadoras que el terapeuta puede dejar ingresar a su campo de conciencia, evaluando en todo momento que dichas frases no se sean proyecciones del propio terapeuta. Esta metodología puede emplearse como un medio seguro de expresión, de los conflictos, miedos, fortalezas y recursos que la persona posee. En éstas se considera que los figurines representan la historia del cliente y toda ella es plasmada en un escenario, conformado por una lámina blanca que representa el campo familiar en donde la persona ha mantenido su experiencia de vida sistémica familiar.El potencial diagnóstico terapéutico de este procedimiento puede orientarse al abordaje de los siguientes aspectos:

  • Conflictos para relacionarse consigo mismo y con los otros, así como graves dificultades para centrarse en la vida y determinar un plan de realización.
  • Patrones de repetición del sufrimiento como vinculaciones amarrosas, con el trabajo y otros ámbitos de la vida. Además, aspectos que aparecen simultáneamente en un momento dado: enfermedades o síntomas que nos han sido comprendidas por los tratamientos alopáticos oficiales o un síntoma actual de vinculación, etc. Todos estaos abordajes sistémicos, no excluyen la aplicación de protocolos, medicación o tratamiento médicos que han sido o puedan ser indicados por los profesionales de la salud.

En este sentido, conviene advertir que operamos con representaciones parciales de la realidad interna del cliente que no pueden ser consideradas muestras de una realidad única e inmutable. Tendemos a utilizar un estilo fundamentalmente narrativo y figurativo, con lo cual, se requiere acudir a un lenguaje que provoque la exploración por parte del cliente de aspectos tan difusos y humanos como los arquetipos, los constructos personales, los contenidos inconscientes o las metáforas vitales. Buscamos un conocimiento concreto a la vez que global y sintético. No podemos llegar a generalizaciones a partir de cada experiencia particular. No obstante, el trabajo con muñecos sí nos posibilita ampliar la visión de la realidad, completarla en vez de reducirla. Propinemos un clima de interacción terapéuticas a través códigos analógicos, de manera que se induce un procesamiento de la información que activa el hemisferio derecho y que opera con imágenes cargadas emocionalmente, en vez de con abstracciones racionales.

Maracay, Venezuela mayo de 2018


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